Atenerse, hoy: pensar ante lo real.

¿Y si el juego fuera una forma de atenerse hoy a lo real?

En momentos como los nuestros, en los que no saber a qué atenerse con lo real resulta ser un problema, recurrir a la historia en busca de analogías con el pasado puede ser una metodología. Tal vez no para encontrar una solución, sino para poder entender el contexto en el que vivimos. Este esfuerzo no es para crear una ilusión escatológica ni para establecer criterios que nos den un porcentaje de similitud con las diferentes épocas sino dar una opinión sobre experiencia del sujeto con el mundo que lo rodea.  Con toda la violencia —sea epistemológica o simbólica—  la preocupación pre-socrática, hoy, es un espejo de nuestro desconcierto, tan incierto como el de aquellos primeros pensadores.

La primera similitud —y quizás el argumento más determinante— es que en aquella época las explicaciones mitológicas ya no ofrecían tranquilidad ni lograban dar razón a la vida. Lo real, con su honestidad de vivir en este mundo, se enfrentaba con un entendimiento carnal y las respuestas de los dioses no son suficientes. Así, lo que ayer fueron mitos, hoy son sistemas religiosos, políticos y filosóficos que ya no dan respuestas. La soberbia de sus significantes —religiosos, políticos y filosóficos— se desvaneció nuevamente en lo real. Las mentiras universales, nuevamente, no son razón suficiente para la sabiduría de la vida.

Los modelos y justificaciones ideológicas quedaron como trajes colgados en el perchero de la ilusión. En el lugar que siempre estuvieron. Hoy son fabulaciones débiles de lo real. Esta experiencia es similar a la de los pre-socráticos, en la que sus dioses antropomorfos ya no daban razón, porque la sabiduría de la vida ya no esperaba salvadores, sino una mirada desnuda ante lo que es. Esto nos pone cara a cara con lo que siempre es: un espejo que refleja lo real, y en ese reflejo, lo que se impone es la incertidumbre.  

¿Por qué el cambio? ¿De qué nos dimos cuenta en ambas épocas? ¿Qué fuerza nos llevó a abandonar el guión establecido de la vida? Tal vez fue la sospecha de que conceptos como el error, la enfermedad, la apariencia o el azar no eran fallas del sistema, sino manifestaciones esenciales de lo viviente, de lo real. La razón, al clasificarlos como desvíos, intentó excluirlos de su orden ideal para preservar una imagen controlada, pero ilusoria, del mundo.

Fue Platón quien, sacó a los presocráticos y trazó los primeros contornos de un orden: un mundo de ideas puras, separadas de la experiencia, donde lo mutable debía subordinarse a lo eterno. Esa arquitectura filosófica se proyectó hasta hoy, organizando el pensamiento, la política y hasta el cuerpo. Pero quizá ese mundo que prometía claridad terminó volviéndose opresivo en su perfección.
Hoy estamos en el medio. Aún no ha aparecido ningún Platón que proponga un nuevo orden. Sentimos que la disrupción es vida, y que la única revolución posible es la búsqueda de cada expresión propia.

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