Entrenamiento filosófico: pensar en movimiento
Talleres, charlas y consultoría filosóficas para aprender a pensar en movimiento y encontrar tu estilo propio.
¿Qué es «pensar en movimiento»?
Si «pensar» es la posibilidad de cambiar la vida —un movimiento, un juego— y la herramienta para pensar es la «conversación», entonces solo queda ejercitarse.
Porque «pensar» no es acumular lecturas ni repetir pensamientos técnicos o calculadores. Es más bien la habilidad que nos permite abrir horizontes propios, reconocerlos y habitarlos. Para eso hace falta un compromiso con uno mismo, con esa pregunta que no tiene una respuesta prefabricada y obliga a salir al encuentro de lo desconocido.
Encontrar esa pregunta no es fácil; siempre le huimos. Sin embargo, está muy cerca, aparece en muchos momentos, incluso cuando jugamos. Ella reclama siempre de nuestra atención y así se revela en ese movimiento que incomoda, en es ese deporte que queremos aprender. Ahora, una vez que irrumpe y nos reclama, solo nos queda ir por ella, ir por aquello que aún está por pensar.
De eso se trata el entrenamiento filosófico para Filosofía del Deporte.
¿Qué es el entrenamiento filosófico?
El entrenamiento filosófico es una práctica que integra reflexión, diálogo y experiencia deportiva, convirtiendo ese encuentro en un laboratorio de preguntas. Su propósito es abrir horizontes de posibilidades para dar forma a ese estilo propio que cada uno tiene.
¿Cómo es un entrenamiento filosófico?
Un entrenamiento filosófico consiste en trabajar las preguntas que nacen de movimientos que nos detienen —imposibilidades, repeticiones, resistencias, miedos, etc.—.Son modos de movernos que no nos son funcionales y no solo para el juego, sino también en la vida. Esos movimientos se sostienen en argumentos y fundamentos que necesitamos evidenciar. Es ahí donde el filósofo interviene para cuestionar lo «ya pensado» que no facilita el movimiento, para evidenciarlo y abrir un camino hacia aquello que todavía está «por pensar», habilitando ese estilo propio que cada uno tiene.
Este entrenamiento lo podés solicitar para que, junto a un filósofo, identifiques lo que limita tu juego, revises los argumentos que sostenés sin saberlo y abras horizontes distintos para tu vida, dentro y fuera de la cancha. O compartiendo nuestro taller Pensar fuera de la cancha o desde los contenidos que están en nuestro gimnasio: «El Blog».
No es teoría: es una práctica que te ayuda a repensar y afinar tu propio estilo. Si te interesa, contáctanos y coordinemos tu próximo entrenamiento filosófico.
Filosofía del Deporte es pensar el deporte.
Si querés ver cómo todo esto cobra vida en una experiencia, te sugiero que leas la Historia de un Jugador Cualquiera.
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Pensar en el movimiento
Antes de que nuestro personaje emprendiera su viaje de poner fin al palabrerío con el que había hecho su vida, antes de iniciar su proceso de cambio, hubo un momento clave. Ese instante es el que marca nuestra historia. Para identificarlo, podríamos pensar en el encuentro con el Loco, pero no fue ese. Mucho antes, él habilitó, sin darse cuenta, un espacio de distracción en su vida. Cuando sucedió ese clic, la historia no lo menciona.
Podemos suponer que nuestro personaje tampoco lo sepa. Sin embargo, lo que es inevitable es que abrió una posibilidad de pensar su vida. ¿Fue azar? Para Heidegger no lo sería, ya que “solo somos capaces de aquello que apetecemos. Y, en verdad, apetecemos solamente lo que, por su parte, nos anhela a nosotros mismos, y nos anhela en nuestra esencia.” (Heidegger, 2005).
¿Qué era aquello que nuestro personaje realmente anhelaba y se le ocultaba? ¿Qué estaba tratando de descubrir?
Cómo funciona
Fue en ese espacio de búsqueda donde, como un elemento de distracción, incorporó el deporte. Lo que comenzó como una distracción inocente empezó a exigirle cada vez más. En ese «pido gancho», planificado como un descanso de la seriedad de cambiar su vida, habilitó algo que alguna vez tuvo, luego perdió y ahora anhelaba recuperar.
Había postergado tanto esa conversación consigo mismo que nuestro jugador terminó volviéndose fanático de su deporte. Sabía que no era una conversación fácil de sostener; de hecho, hasta ese momento, la había evitado. Tendría que encontrar otros recursos, alguien que lo ayude a salir de sus monólogos que solo lo llevaban al autoengaño. ¿Cómo hacer para no abandonar el camino que había iniciado? Necesitaría a alguien que lo ayude.
Para enfrentar este cambio, nuestro personaje cuenta con dos herramientas, generalmente olvidadas: su habilidad de pensar y la conversación. El ser humano, en su esencia, tiene la capacidad de pensar. Ahora, el filósofo nos advierte: “Tener la posibilidad de pensar no implica que lo hagamos, y para esto debemos entrenarnos y aprender.” (Heidegger, 2005).

¿Qué significa pensar?
Evidentemente no se trata solo de encontrar respuestas, sino de reconocer que en las habilidades del pensar está la posibilidad de un encuentro con lo que uno anhela, con la vida auténtica, de encontrar el «estilo propio». Y, hacer explícito lo implícito constituye la forma cognitiva del destino (Sloterdijk, 2012, p. 20).
La conversación
¿Cómo enfrentar esta sensación de extrañeza entre hacer la vida y olvidarse de sí mismo? ¿Es el «pensar» suficiente para cerrar esa disociación? Y, si lo es, ¿cómo? Un círculo lo encierra; ¿cómo romper esa pared? ¿Podrá?
Habrá que seguir la historia para saber cómo termina.
Esa actitud necesita una forma de expresarse, una herramienta: la conversación. Es curioso que la humanidad haya buscado tantas herramientas para encontrar el sentido y está tan cerca. Sin embargo, al igual que el pensar, el conversar necesita entrenamiento para no caer en el autoengaño.
La conversación es la herramienta con la que nació la filosofía en la antigüedad. Sin embargo, con el pasar del tiempo, se olvidó de ella, especialmente cuando la psicología, en el siglo XIX, se alejó de la filosofía y se llevó el diálogo, dejándola completamente muda. Hoy un grupo de filósofos ha levantado la bandera del diálogo filosófico.
Nuestro personaje cuenta con todo; ya no tiene vuelta atrás.
Su compromiso y la conversación como herramienta. Ya esta en el camino ese que lo lleva hacia lo que aún está por pensar
El camino
Si «pensar» es la posibilidad de cambiar, su herramienta es la «conversación» y el «ejercicio» es el camino.
Sloterdijk va más allá, y nuestro personaje entra en esta máxima: «Los hombres se han comprometido en su construcción, desde sus inicios, o mejor dicho, solo hay seres humanos desde que se emplean en la construcción de ese puente» (Sloterdijk, 2012, p. 25-26).
Encontrá tu «propio estilo»
¿Podrá nuestro personaje encontrar su propio estilo?
«Pensar fuera de la cancha» es la crónica de este camino. Es la historia de cada esfuerzo, de cada descanso; del diálogo en palabras y movimientos; es el juego por encontrar lo que «aún está por pensar».No se trata de llegar a una conclusión, sino de ponerse en camino, de aprender a pensar para moverse en medio de la incertidumbre que hoy nos toca vivir, en el que cada paso es una oportunidad para acercarse a su «propio estilo».
Si querés saber cómo sigue esta historia, suscribite. Ahí te llegarán las crónicas del viaje de nuestro personaje y también la posibilidad de que hagas la tuya en los talleres, charlas o en tu propia conversación filosófica.
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Este espacio es para organizaciones y/o empresas que quieran apoyar el desarrollo de las «habilidades del pensar» desde el juego.
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