La historia de un Jugador Cualquiera
Crónica del match: «Pido gancho» vs. «Vida seria»
Nuestro Jugador
Nuestro personaje, el Jugador, no comenzó siendo tal. Su vida era una rutina cargada de compromisos, horarios y exigencias: una carga que, por alguna razón, aburría. Cuando todo es siempre lo mismo, cambiar se vuelve inevitable. Y fue por eso. Era consciente de que encarar un proceso personal no sería fácil, y que llevaría su tiempo. Implicaba abrir preguntas que hasta ese momento no había enfrentado.
Bastante ordenado, Nuestro Personaje, antes de comenzar —y para que las cosas no se salieran de su control—, buscó algo que lo ayudara a relajarse.
Y se puso un objetivo más: encontrar una distracción que lo alejase de la presión de resolver esas preguntas. Buscó en el baúl de la memoria esos momentos que le generaban una sensación de relax y distracción. Lo encontró. Cuando de niño jugaba, sentía esas sensaciones. Y fue entonces cuando volvió a su deporte favorito. Al practicarlo, encontraría un espacio para escapar de la «vida seria». Era su «pido gancho», su forma de desconectarse de lo cotidiano, del cambio, y de tanta pregunta.
El jugador no comenzó como tal. Su vida era una rutina cargada de compromisos, horarios, y exigencias. Carga que por alguna razón comenzó a aburrir y decidió cambiar. Y fue por eso. Era consciente de que encarar un proceso personal no era fácil y llevaría su tiempo. Implicaba abrir preguntas que hasta ese momento no le había hecho frente. Comenzaba un proceso de aprendizaje que nos sabía como terminaría.
En este hipotético y planificado escenario para un cambio de vida, comienza la historia de nuestro personaje. Se anotó en entrenamiento, compró equipamiento y además meditaba en sus preguntas, los libros ayudaron y alguna que otra conversación.
Y como las búsquedas abren posibilidades, la vida quiso que se encuentre en un día de vacaciones con el Loco. (En mayúscula porque es su nombre y, también, su oficio). El encuentro fue extraño, inesperado. El Loco comenzó un diálogo. En la que entre otras cosas le advirtió a Nuestro Jugador que llevaba una vida de engaño. Que el embrujo de un Mago lo había distraído de lo importante todo este tiempo. El diálogo tan extraño como rápido terminó con un regalo de parte del Loco.
No le sorprendió la afirmación por que él ya era consciente del engaño. Lo que si ahora pudo encontrar un responsable de su vida. Pero, ¿quién habrá sido ese Mago? Y ¿por qué justo ahora que arrancaba su proceso personal aparece este Loco? Entre el azar que generan las vacaciones y la locura del Loco justificó el momento vivido.
Al poco tiempo, ya en su casa, la memoria le devolvía el momento vivido y las sentencias que el Loco le había dicho. La más recurrente era: si realmente quería recuperar el control de su vida, debía abrir la caja que le ofrecía. Entonces, en medio de la rutina y desafiando todas las advertencias, confiado en la locura propia del Loco, abrió la caja. No encontró nada. En realidad, sí: vació su intriga y confirmó la locura del Loco. Como recuerdo de lo vivido, dejó la caja en un rincón de su casa.
Jugar a controlar sale mal
Nuestro Personaje empezó a darse cuenta de que su deporte favorito requería más tiempo y dedicación. Y que, además, para practicarlo le exigía un tipo de seriedad. Una seriedad que no lo conectaba con su «vida seria», sino con sensaciones que, en cada partido, cada movimiento, lo vinculaban con algo que aún no entendía. Pertenecían a un mundo diferente, pero le era propio. Algo estaba sucediendo y lo planificado dejó de ordenar.
¿Qué genera estas sensaciones? ¿De qué se trata esta extrañeza? Como lo único no planificado había sido el encuentro con el Loco, ahí creyó encontrar la respuesta. Si fue el Loco, la caja no estaba vacía, pensaba. ¿Y si la importancia de la caja no era su contenido, sino la decisión de abrirla? Recordó que le había advertido que, una vez abierta; no habría vuelta atrás. Cada vez que jugaba, al salir de la cancha, las preguntas aparecían. De todas, una hackeaba el sistema de su vida: ¿Qué hago acá? No había posibilidad de retroceder, las preguntas estaban abiertas, había algo en juego y el Loco era el responsable. Las razones por las que esta historia comenzó, ahora eran otras y decidió ir por las que su deporte favorito abría. Pensar estas preguntas comenzó a ser el nuevo camino y el plan de entrenamiento para lograr movimientos que le darían la diversión que tanto buscaba. Las otras preguntas tendrán su momento, que no es el de ahora. Corrió, entrenó, practicó y el juego tomó su vida.
Pensar estas preguntas lo obligaba a enfrentarse consigo mismo, a ir por aquello que, según él, merecía ser pensado: eso que estaba ahí adentro, lo más propio, eso que abría posibilidades a los movimientos.
Las respuestas no estaban a donde acostumbraba a buscar. En eso pensamientos aprendido, en el modo acostumbrado de hacer las cosas no daban posibilidades. Los procedimientos habituales, en él, no gozaban de la eficacia ni de la fuerza necesaria. Tenía que salir a buscar, a entrenar otros argumentos. Tenía que volver a pensar su vida. ¿Cómo hacer? ¿Qué tengo que pensar? Algo tan sencillo como usar la habilidad que todo hombre tiene evidentemente no le daba respuesta. Dudaba de lo que es pensar. ¿Qué significa pensar? ¿Necesitaba aprender a pensar? Evidentemente, se había dedicado a repetir las historias siempre pasadas y pesadas. Tal vez siempre había caminado ese camino, pero ahora las preguntas le exigían algo distinto, si quería seguir con la diversión. Ya no podía hacerse el distraído. Tendría que utilizar todas sus habilidades de pensar para enfrentar lo que «allí sucedía». No se trataba de preguntas sobre el mundo o la verdad, sino de su vida misma. Para así disfrutar su deporte favorito.
El juego no era la caja, pero a través del juego, el contenido de la caja se revelaba. No había un objeto tangible que encontrar dentro, sino que cada partido lo acercaba más a una verdad incómoda. Le revelaba: sus miedos, sus deseos, su necesidad de control, sus argumentos, sus creencias. ¿Por qué no abandonar el juego? ¿Para qué exponerse a esas situaciones? Ya no había posibilidad. El contenido de la caja se había revelado.
El entrenamiento
Nuestro personaje todavía no es consciente de las consecuencias de aquel extraño encuentro con el Loco. El episodio puso en evidencia que, con lo que él tenía a su mano, no podría ir hacia aquello que había abierto. Que, si bien se había subido al camino del pensar, todavía debía aprender, buscar ayuda para el largo recorrido que le quedaba.
También descubrió que el juego —su deporte favorito— sería su modo de vivir. Comprendió que no basta con sobrevivir o cumplir responsabilidades. Había algo más: un estilo propio por vivir, una forma auténtica de ser en el mundo y que el juego podía ayudarle.
Este es el momento de quiebre en la historia. Es el verdadero inicio. Después de haber atravesado su propia oscuridad, Nuestro Personaje deja atrás su personaje para asumir el rol de Jugador.
¿Ahora qué? A entrenar. Y es lo realmente fascinante de esta historia. Justamente es su proceso del entrenamiento lo que vamos a narrar. Es ese momento de un «mientras tanto» en el que va perdiendo el control sobre lo que antes consideraba su vida; en la espera de ese «todavía no» de encontrar el propio estilo. Es narrar el camino de aventura, incertidumbre que Nuestro Personaje encaró.
Entrenar el pensar es concentrarse en las preguntas y en la disposición al diálogo. Si bien Nuestro Personaje aún no se encontró con estas herramientas, está en camino.
El equipo
Esta historia también nos va a mostrar que el «pido gancho» al juego de la vida no es una aventura solitaria. Nuestro jugador está rodeado de personajes y fantasmas que, de alguna manera, construyen su camino.
Del Loco, con su caja, entendió que no se trataba solo de jugar, sino de vivir. Y en esa misma dirección se encontraba el engaño del Mago: un engaño del que no podría deshacerse, sino con el que tendría que convivir. Sabía que allí estaba su propio estilo, y que para continuar debía aprender de sus propios pasos y confiar en esa habilidad de pensar.
Ya nombramos al Loco y al Mago, pero ¿quiénes sostienen a nuestro personaje cuando el camino se vuelve difícil? Ahí están los amigos, los compañeros y los entrenadores. Todos ellos forman parte del equipo. Sin embargo, para que exista el juego, debe haber competidores. Y tampoco pueden faltar los aguafiestas ni los espectadores, siempre listos con sus comentarios desde las tribunas.
Filosofía del Deporte
Este blog es la crónica del entrenamiento de un jugador cualquiera. Cuenta cómo, a través de su deporte, se le abren posibilidades para encontrar un nuevo modo de interactuar con el mundo y comprender su propia existencia. Es así que…
_Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer.
/(El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra)
Quizás vos también estés por abrir tu propia caja.
Si querés entrenar la habilidad de pensar desde el movimiento,
habilidades para pensar el movimiento
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En Filosofía del Deporte vamos a «pensar» la historia de un Jugador Cualquiera . Acá vas a poder encontrar algunas de las primera reflexiones.
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